Primeras horas de la tarde. Una señora que transita la mitad de sus 60 pirulos me pide enviar un fax. Mientras la hoja pasa los rodillos del aparatejo y se reproduce vaya a saber donde, la mujer tiene la necesidad de compartir su mundo interior con quien les escribe.
Señora de 60 y pico: Que lío hay siempre en alberdi, por favor...
Mone: Si, la verdad que es un infierno, yo a la mañana temprano tardé un montón para llegar porque cortaron la avenida los pibes del colegio, parece que no tienen luz ni gas...
Señora: Todos se quejan, todos se quejan, nadie hace nada... aca no hay a quien votar ya, es un desastre esto...
Mone: Y si, la verdad que es un desastre todo...
Hasta ahi la charla venía transitando los caminos normales entre dos ciudadanos hartos de la misma vaina (como diria el gran Gabo) pero como lo bueno dura poco, la señora tomó las armas y se inmoló.
Señora : Acá habría que votar a Franco, alguien así tendría que haber.
Mone (con estupor, sorpresa, tristeza, resignación y miles de sensaciones mas): Ehh... ¿a usted le parece?...
Señora (con muuuucho enfasis): Pero claro querido!!! ahi si que va a mejorar la cosa
Mone : El problema es que con ese sistema vamos a quedar muy poquitos señora...
Señora : Y bueno, pero asi se limpia, sobran muchos hoy por hoy...
Mone (absolutamente resignado): Y bueno, si usted dice...
Es increíble pero 30 años y 30,000 desaparecidos mas tarde hay gente que sigue eligiendo el terrorismo, la muerte y las cadenas como solución a los problemas del país. Triste pero real.
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viernes, 26 de junio de 2009
sábado, 22 de noviembre de 2008
El juguete rabioso
La araña que tenía tatuada en el cuello era inmensa. Me pidio un Marlboro de 20, común o del que venga, no le importaba, pero en ese momento no me di cuenta. Me da 20 pesos y cuando giro para darle el vuelto ya no estaba mas en la ventanita del kiosco, ahora estaba adentro del local. Y atras de el su complice. En un segundo lo tengo al lado mio, del otro lado del mostrador, en el corazón del local, ahi donde no se puede entrar a menos que seas Maxi o Mone. Y el otro que abre la típica bolsa de casa de deportes de cualquier pibe chorro y hace asomar un revolver mientras dice "caballero, la plata". Si, la plata, que elegantemente me decis que me estas afanando pienso, mientras veo al otro manoteando todo lo que encuentra. El que esta al lado mio, alteradito, ve que muevo una mano y me agarra de la muñeca fuerte y dice "no toques nada, no toques ningun boton eh, dame la plata" y tira los billetes en una bolsa y le dice al otro " mostrale el fierro, dale". Pero no hay fierro, es un arma de juguete, igual a la que tiene mi abuelo desde hace años en la parte mas alta de su modular. Por eso no la muestra de nuevo. Hubiera preferido que me ponga un fierro de verdad en el pecho a saber que me están robando con un cacho de plástico que ni siquiera tiene los huevos de sacar, de apoyarmelo en las costillas.
"Quedate piola, no toques ningun boton eh, quedate ahi" dice el del tatuaje mientras se van. "¿De que boton me hablas? dale flaco, toca, tomatelas de una vez, ya fue" le digo y ya estoy caliente. Ahí me gustaría ser un loquito y decirles de una a ver si sos tan poronga saca al fierro y empezar a las piñas ahí nomas, porque es lo máximo que podia pasar. Pero no, soy un hombre cuerdo y manso, que la última vez que tiró una piña fue en séptimo grado.
Miro a los clientes que estan en las pc porque a uno le manotearon algo también. "Me sacaron la mochila nomas, el documento con la plata los tengo encima y por suerte ni lo vieron" me dice el que estaba mas cerca del mostrador. El resto de la gente ni se dio cuenta de lo que paso.
Cuando salgo a ver si hay algún policia o algo que represente un mínimo de autoridad me encuentro con la calle oscura, la gente relajada paseando por el barrio. Es viernes, es de noche y ya empezó el fin de semana, no hay mucho para preocuparse, nadie se da cuenta de nada, todo es normal. Que te roben dos pibes de 17 años es normal, que tengas ganas de encontrarlos y pisarlos con el auto tambien es normal, que al rato vuelvas de la calentura y pienses que eso es una boludez y que el problema es grave y mas profundo también.
Vuelvo a mi puesto de laburo, el local sigue su marcha habitual. Lo que acaba de pasar es como si hubiera agarrado un gran bache, sentimos el impacto, nos sacudimos un poco y seguimos adelante.
Un grupo de chicas quieren ver unos aromatizadores de ambiente digitales (la flamante incorporación del locu-ciber-kiosco) y no hay tiempo para lágrimas, faltan algunos pesos de la caja, el índice de inseguridad se movió una milésima mas. Todo sigue igual.
"Quedate piola, no toques ningun boton eh, quedate ahi" dice el del tatuaje mientras se van. "¿De que boton me hablas? dale flaco, toca, tomatelas de una vez, ya fue" le digo y ya estoy caliente. Ahí me gustaría ser un loquito y decirles de una a ver si sos tan poronga saca al fierro y empezar a las piñas ahí nomas, porque es lo máximo que podia pasar. Pero no, soy un hombre cuerdo y manso, que la última vez que tiró una piña fue en séptimo grado.
Miro a los clientes que estan en las pc porque a uno le manotearon algo también. "Me sacaron la mochila nomas, el documento con la plata los tengo encima y por suerte ni lo vieron" me dice el que estaba mas cerca del mostrador. El resto de la gente ni se dio cuenta de lo que paso.
Cuando salgo a ver si hay algún policia o algo que represente un mínimo de autoridad me encuentro con la calle oscura, la gente relajada paseando por el barrio. Es viernes, es de noche y ya empezó el fin de semana, no hay mucho para preocuparse, nadie se da cuenta de nada, todo es normal. Que te roben dos pibes de 17 años es normal, que tengas ganas de encontrarlos y pisarlos con el auto tambien es normal, que al rato vuelvas de la calentura y pienses que eso es una boludez y que el problema es grave y mas profundo también.
Vuelvo a mi puesto de laburo, el local sigue su marcha habitual. Lo que acaba de pasar es como si hubiera agarrado un gran bache, sentimos el impacto, nos sacudimos un poco y seguimos adelante.
Un grupo de chicas quieren ver unos aromatizadores de ambiente digitales (la flamante incorporación del locu-ciber-kiosco) y no hay tiempo para lágrimas, faltan algunos pesos de la caja, el índice de inseguridad se movió una milésima mas. Todo sigue igual.
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